Irlanda es un país con fuerte tradición católica y por tanto, la Semana Santa se vive como un momento de ayuno y oración.

El Viernes Santo, es un día de gran recogimiento y la mayoría de las personas permanecen con los pies descalzos y no comen nada en absoluto hasta el mediodía. Durante ese día, no se sacrifican animales ni se enciende madera u objetos de madera. El clima de la casa es sosegado, se habla en voz baja y no se lleva a cabo ninguna empresa importante, ni clavar un clavo siquiera. La única tarea que se realiza en Viernes Santo consiste en marcar los huevos de pascua con una cruz y reservarlos para comerlos durante el domingo de Pascua.

velas

Durante el Sábado Santo, se enciende en las iglesias el cirio Pascual bendecido por el sacerdote y de donde toman la llama cientos de pequeñas velas que acompañan la luz que representa a Cristo; también se acostumbra a bendecir y distribuir agua bendita que los sacerdotes impregnan sobre cada miembro del hogar quien a su vez la lleva para rociar su casa y el ganado.

La celebración religiosa se mezcla muchas veces con costumbres ajenas a la historia bíblica pero que forman parte de los ritos populares, tal como las ‘procesiones del arenque’, unos burlescos funerales que, según parece, fueron iniciados por los carniceros quienes veían languidecer su negocio durante la Cuaresma.

El Domingo de Resurrección, se celebra en las iglesias y también en las calles donde la gente baila y compite por llevarse un pastel de premio. Es el día para comer los huevos teñidos o decorados que si bien no son un símbolo religioso se lo puede considerar como una metáfora de la Resurrección.

Foto: Flickr/Ferminius

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